Saludo al Cardenal Angelo Sodano

8 de Mayo de 2014, Solemnidad de Nuestra Señora de Luján

Le agradecemos mucho que haya querido venir a celebrar con nosotros esta santa Misa en honor de María Santísima de Luján, declarada por la Santa Sede patrona de nuestros Institutos. Se trata de una ocasión que nos es muy querida a todos nosotros. En efecto, es precisamente a Ella que, siendo aún seminarista, el P. Buela solía pedir la gracia de poder guiar muchas vocaciones en su vida sacerdotal. Hoy esto es una realidad y nosotros, sus hijos e hijas, no queremos dejar pasar la fiesta sin manifestar nuestro reconocimiento y gratitud. Por otra parte, este año esta fiesta coincide con la reciente canonización de Juan Pablo II, Padre” de nuestra Familia Religiosa, y también con la celebración de los 10 años de la aprobación eclesiástica de nuestros Institutos.

Nuestras Constituciones (nn. 119-121) indican que el sacerdote, sobre todo, debe ser un padre, ya que al ser ordenado se le encomienda la hermosa misión de engendrar hijos. Y también dicen que esta paternidad espiritual la debe realizar por medio de la cruz, de la oración, del celo apostólico y de la predicación. El Papa San Juan Pablo II ha sido y continúa siendo para nuestra pequeña Familia Religiosa un verdadero padre por todos y cada uno de estos motivos.

En efecto, el Papa Magno nos ha engendrado por la predicación. En su magisterio se inspiró nuestro Fundador para plasmar nuestro fin específico y nuestro carisma. Nuestro derecho propio contiene más de mil citas de su amplio magisterio, siendo el autor más citado luego del Concilio Vaticano II, de tal suerte que nuestros religiosos nutren sus almas de sus enseñanzas, tanto para su vida personal como para las obras apostólicas del Instituto. Verdaderamente, a nadie puede caber duda alguna que Juan Pablo II es nuestro padre, ya que nos engendró con su doctrina.

Nos ha engendrado por su oración, que constantemente elevó al cielo durante los días de su peregrinar por este mundo, y de lo cual nos ha dado tan bello ejemplo, como también por las oraciones que confiamos ha de ofrecer en el cielo en favor nuestro, ahora más que nunca.

Nos ha engendrado, finalmente, por su prodigioso e infatigable celo apostólico, que en nuestro caso, por los eternos y misteriosos designios de la Providencia, muchas veces estuvo ligado al misterio de la cruz.

Eminencia, Usted sabe tal vez como nadie, del cuidado paternal y de los desvelos que Su Santidad San Juan Pablo II tuvo para con nuestro pequeño grupo. Para nosotros será siempre un timbre de honor que un Papa santo haya velado de manera tan singular por nuestra pequeña Familia religiosa en sus inicios, quedando por esto asociado para siempre a nosotros. En esto, la paternidad del querido Papa verdaderamente se ha manifestado como una participación de la paternidad de Dios, y de este modo se convirtió para nosotros en una imagen visible de Dios Padre.

Eminencia Reverendísima, recordar y agradecer los gestos y acciones de Su Santidad San Juan Pablo II lleva como de la mano a expresar nuestro más cálido agradecimiento también a Usted, quien ha estado estrechamente ligado a nuestra aprobación, por pedido explícito del mismo Papa. Damos gracias a Dios que nos da hoy la oportunidad de agradecérselo públicamente. ¡Mil gracias por todo, Eminencia! Nuestra familia religiosa siempre recordará cuánto ha hecho por nosotros. Siempre rezamos de un modo especial por Usted, cuando lo hacemos por nuestros benefactores materiales y espirituales. ¡Muchísimas gracias por todo!

Agradecemos mucho también a Su Excelencia Monseñor Fumagalli, por acompañarnos en esta fiesta tan importante para nosotros. Es un motivo de gozo tenerlo entre nosotros en este día dedicado a nuestra santa Patrona. Muchas gracias, Excelencia.

También dirigimos un pensamiento de gratitud hacia Monseñor Erba, que aprobó nuestros Institutos. Él quería estar presente pero lamentablemente no lo pudo hacer. Con todo, sin duda que nos acompaña en sus oraciones.

P. Carlos Walker, IVE

Superior General